domingo, 1 de febrero de 2015

Primer Domingo de Febrero, comienzan los Siete Domingos de San José

Los Siete Domingos de San José

Agustín del Divino Corazón – Manizales, Colombia (2009)


Los Siete Domingos a San José (2009)

Los Siete Domingos de San José[1] comienzan
el Primer Domingo de Febrero y terminan el Tercer Domingo de Marzo,
antes de la Fiesta de San José, el 19 de Marzo.


Invocación a San José

¡San José, Guardián de Jesús y casto Esposo de María! Tú empleaste toda Tu vida en el perfecto cumplimiento de Tu deber. Tú mantuviste a la Sagrada Familia de Nazaret con el trabajo de Tus manos. Protege bondadosamente a los que se vuelven confiadamente a Ti. Tú conoces sus aspiraciones y sus esperanzas. Ellos se dirigen a Ti porque saben que Tú los comprendes y proteges. Tú también supiste de pruebas, cansancio y trabajo. Pero aun dentro de las preocupaciones materiales de la vida, Tu Alma estaba llena de profunda paz y cantó llena de verdadera alegría debido al íntimo trato que gozaste con el Hijo de Dios, que Te fue confiado a Ti a la vez a María, Su tierna Madre. Amén.

1° Dolor y Gozo

El Anuncio del Ángel, de que lo Concebido en María
es Obra del Espíritu Santo.

san-jose_dormido-sueno

San José dice:Julio 8/2009 (9:15 pm) 

Hijos Míos: La Santísima Virgen María fue siempre la Alegría para Mi pobre Corazón, porque encontraba en Ella, el Modelo Perfecto de Santidad. Todo lo que pasaba por Sus virginales Manos quedaba impregnado del aroma de Su Pureza; por donde pasaba dejaba rastro de Su candorosa Presencia; Presencia que dejaba atónitos a los Santos Ángeles; Presencia que extasiaba la naturaleza entera ante Su singular Belleza.
Dios se excedió en Bondad para Conmigo al cruzarla en mi camino; camino embellecido de rosas finas; camino suave y ligero, porque lo más preciado del Padre Eterno estaba a Mi lado: la Mujer vestida de Sol Me irradiaba con Su Luz esplendorosa. Luz que por un momento empezó a opacarse, porque no comprendía el gran Misterio de la Anunciación. Misterio que hizo del Vientre de María: Tabernáculo Vivo del Amor Divino; Misterio que no afectó en nada la Pureza de Mi Virginal Esposa; Misterio que Me conllevó a la duda y a la angustia, porque Me sentía indigno de ser el Esposo de la Madre de Dios. No comprendía que un humilde Carpintero formara parte de uno de los Designios Divinos. Designios que abrieron Mi entendimiento humano; Designios que corrieron las cortinas de Mis ojos para ver más allá; Designios que alcancé a comprender desde el mismo instante que un Ángel Me reconforta en un sueño, Me insta a no temer, a no repudiar a María, a servirle con caridad, a protegerla a Ella y al Niño que llevaba en Su Vientre. Niño que también sería Mi hijo. Hijo que Le amaría con el amor más tierno de Padre. Hijo que Le adoraría como al Dios: Uno y Trino. Hijo que engalanaría Mi taller con Su Presencia Celestial. Hijo que acompañaría por un período de treinta años. Hijo que dejaría huellas indelebles en Mi Alma; Su recuerdo permanecería en Mí por años sin término. Hijo que Me llevaría a los Cielos para desde allí glorificarle y alabarle.
Hijos amados, os llamo a no vacilar ante los Misterios de Dios; acogedlos con amor en vuestro corazón; abandonaos por entero a Su Divina Voluntad para que os ganéis una de las moradas en el Cielo. Pedidle a María que estampe en la profundidad de vuestro ser Su Fiat, de tal modo que seáis dóciles a las inspiraciones del Espíritu Santo.


Oración del Papa León XIII

A Ti, bienaventurado José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el auxilio de Tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente Tu Patrocinio. Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, Te tuvo unido y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente Te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con Su Sangre adquirió Jesucristo, y con Tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades. Protege, oh providentísimo Custodio de la Divina Familia, la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros toda mancha de error y de corrupción; asístenos propicio desde el Cielo, Fortísimo Libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste al Niño Jesús de inminente peligro de la vida, así ahora defiende la Iglesia Santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protégenos con perpetuo Patrocinio para que a ejemplo Tuyo y sostenidos por Tu auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir, y alcanzar en los Cielos la eterna bienaventuranza. Amén.
*******

2º Dolor y Gozo

La búsqueda de posada en Belén.

sanjose-busca-posada-belen-copiaSan José dice:Agosto 2/2009 (1:30 pm)

Hijos amados, estaba anunciado por los profetas que Jesús nacería en Belén. Dios se valió del Emperador Augusto para dar cumplimiento a la profecía, por eso marché con Mi Esposa para empadronarnos, a inscribirnos en la Ciudad de David; ciudad que Le cerraría las puertas al Hijo de Dios; ciudad que no tenía espacio para albergar al que todo lo puede. Ciudad desentendida del gran Misterio que estaba a punto de Nacer. Ciudad desprotegida que desplazó al Santo Dios, Santo Fuerte y Santo Inmortal. Ciudad que arrinconó en un establo al Mesías Dios esperado. Ciudad que produjo en Mi Corazón un gran dolor, porque el Verbo de Dios Encarnado era excluido. Ciudad que envió al Rey de reyes y Señor de señores al escampado, a la intemperie.
Hijos amados, Mi Corazón sollozaba porque no encontraba sitio para hospedar a la Madre de Dios. Madre que no midió consecuencias con Su Fiat. Madre que venció falsas leyes y criterios humanos. Madre que no se dejó amilanar ante las adversidades. Madre que siempre supo confiar en Dios. Madre que no se desesperó ante las negativas de los hospederos. Madre que no Le importó dirigirse a un establo para el alumbramiento de Su Hijo; establo cómplice del Amor Santo y Divino. Establo que dio abrigo y cobijó al Recién Nacido, al Hijo de Dios. Establo que evidenció el más hermoso de los espectáculos celestiales. Establo que fue visitado por los Ángeles del Cielo; Ángeles que descendieron a adorarle. Establo que se convirtió en una pequeña porción del Cielo en la Tierra. Porción a la que llegaron tres reyes de Oriente a ofrendarle: incienso, mirra y oro. El gran dolor que llevaba en Mi Corazón se convirtió en un gran gozo. Gozo, porque el Cielo fue tapizado con multitud de estrellas; gozo, porque los Santos Ángeles entonaron los más bellos cantos; gozo, porque ya no estábamos solos: miríadas y miríadas de seres angelicales llegaban hacia el Niño Jesús a alabarle y glorificarle porque Dios se había hecho Hombre.
Hijos amados, id vosotros al establo de los Sagrarios que allí también se encuentra el Recién Nacido; ofrendadle el incienso de vuestra oración, la mirra de vuestros sacrificios y el oro de vuestra conversión perfecta; anonadaos frente a Su Presencia y desbocaos en mimos para con Él.
*******

3º Dolor y Gozo

El Nacimiento del Niño Jesús en Belén
(y Su Circuncisión a los 8 días)

san-jose_circuncision-ninoSan José dice:Agosto 3/2009 (6:30 am)

Carísimos hijos, a los ocho días del Nacimiento del Niño Jesús, dando cumplimiento a la Ley de Moisés, circuncidé al Recién Nacido. Mi Corazón naufragó en el dolor, porque por fidelidad a los Mandatos Divinos tuve que cortar un pedazo de Carne al Divino Niño. Niño que derramó por primera vez Su Sangre Preciosa. Niño que lloró desconsoladamente ante Su primer sufrimiento. Niño que sería holocausto de Amor Divino para toda la humanidad. Niño que llevaría sobre Sus delicados Hombros un gran peso: la salvación de los hombres. Niño que, a medida que iba creciendo, crecía en Gracia y en Sabiduría. Niño que en el momento de la circuncisión cercenó Mi Corazón; Sus Lágrimas purificaban aún más Mi Alma; Su llanto retumbaba en Mis oídos; Sus gemidos quebrantaban Mi espíritu; Su impotencia Me llevó a amarle con frenesí, a adorar Su Sangre Preciosa; Sangre que lavaría al mundo de todo pecado; Sangre que purificaría la Tierra entera de toda iniquidad; Sangre que blanquearía cada corazón como copo de nieve; Sangre que embriagaría a toda creatura en deseos de santidad; Sangre que arrebataría a todos Sus hijos hacia el Cielo. El Inmaculado Corazón de María fue traspasado por una espada de dolor, Sus Lágrimas fueron bálsamo sanador para el Niño Jesús; Su Regazo Maternal alivianó Su sufrimiento; Sus besos cicatrizaron la Herida de Su Circuncisión; Herida que manaba una fragancia de nardo purísimo de celestial perfume; perfume que seduciría a muchos para seguirle; perfume que eclipsaría de amor a la mayoría de los hombres; perfume que arrasaría con el olor putrefacto del pecado.
Después de este dolor desgarrador Mi Corazón se inundó de gozo; gozo al escuchar el dulcísimo Nombre de Jesús. Nombre que perduraría por años sin fin. Nombre al que toda rodilla se doblaría. Nombre que haría eco en el corazón de los hombres humildes, sencillos. Nombre que atraería a muchísimas almas a seguirle. Nombre que sería dulce miel y encanto para las almas vírgenes. Nombre que os llamaría a vosotros para haceros Sus mensajeros y Sus heraldos. Carísimos hijos, vivid en plenitud las Santas Leyes de Dios. Sed sumamente celosos en el cumplimiento de Sus Preceptos, porque en la obediencia se halla la santidad.
*******

4º  Dolor y Gozo

La Presentación del Niño Jesús en el Templo, ofreciendo
un par de tórtolas o dos palomas.

presentacion-en-el-templo_7

San José dice:Agosto 4/2009 (7:00 am)

Hijos amantísimos, pasados cuarenta días desde el Nacimiento de Jesús, fuimos al Templo para ofrecerlo a Dios, como manda la Ley. Un cortejo de Santos Ángeles Nos acompañaban, porque llevábamos en Nuestros brazos al Hijo de Dios, al Rey de reyes, al Señor de señores. El Cielo quedaba estupefacto ante tan hermosísima procesión, la naturaleza entera se inclinaba para rendirle sentidos homenajes de adoración; homenajes, porque el Mesías, el Dios esperado se encontraba en el pórtico del Templo presto para Su ofrecimiento; homenajes en los que la profetiza Ana y el anciano Simeón quedaron extasiados de Amor Divino ante Su Presencia; Presencia que los llevó a la más profunda oración contemplativa, porque al fin después de mucho esperar pudieron admirar la Grandeza de Dios, pudieron apreciar a Jesús, el Hijo de una humilde Aldeana y de un sencillo Carpintero.
Un dolor agudo se clavó en Mi Corazón al escuchar las palabras del anciano Simeón; palabras que aducían que este Niño estaba destinado para ruina y resurrección de muchos en Israel; palabras que aducían que sería el blanco de contradicción de los hombres y que una espada atravesaría el Inmaculado Corazón de María junto con Su Alma.  Este inmenso dolor se mezcló con un gran gozo; gozo de saber que así sería redimido el mundo; gozo de conocer, por anticipado, la misión del Emmanuel, Dios con nosotros; gozo de comprender con mayor claridad el gran Misterio que veían Mis ojos; gozo de entender que a través de Jesús de Nazaret la humanidad entera sería salva; gozo de poderle amar con amor de Padre y de poderle adorar como al Dios Uno y Trino.
Hijos amantísimos, venid también vosotros al Templo y ofrecedle a Dios un par de tórtolas; las tórtolas de vuestros sacrificios, las tórtolas de vuestra Consagración al Señor; consagración que os llevará a repudiar las cosas del mundo y apreciar las del Cielo. Consagración que os moverá a la consecución de la santidad. Consagración que os conducirá a caminar por los senderos y atajos que os llevan al Cielo. Consagración que os motivará a permanecer en el Templo de Dios, esperando Su segunda venida.
*******

5º  Dolor y Gozo

La Huida a Egipto con Jesús y María.
sanjose-huida-a-egipto1-copia
San José dice:Agosto 5/2009 (1:18 pm)
Amados hijos, a los pocos días de la purificación, un Ángel venido de parte de Dios, Me previno en un sueño, pues Herodes buscaba al Niño para quitarle la vida. Herodes, que fue creado por las Manos del Altísimo, quería aniquilar al Dador de la Vida. Herodes, hombre finito, se enfrentaba con el Dios Infinito. Herodes, creatura de perverso corazón, quería interponerse en los Planes Divinos; Planes que cambiarían la historia; Planes que llevarían a la humanidad por otros rumbos; Planes que darían libertad al hombre subyugado y oprimido; planes que derrumbarían imperios y castillos, porque lo construido por las manos del hombre perecerá.
Amados hijos, el dolor que sentí en Mi Corazón al tomar al Niño Jesús en Mis brazos y huir para Egipto en compañía de María fue abrupto, porque Nos enfrentábamos al peligro de la noche; noche lúgubre, tenebrosa; Nos enfrentábamos a un largo camino; camino escarpado, apesadumbrado, fatigoso. Algunas vicisitudes pasamos durante el viaje pero la Mirada de Dios siempre estuvo puesta sobre Nosotros, algunos de Sus Ángeles nos acompañaron durante el éxodo. Ángeles que nos servían y nos anunciaban de posibles caídas. Ángeles que a medida que íbamos acercándonos a Egipto custodiaban y protegían al Hijo de Dios. Ángeles que Me dieron una fuerza sobrenatural para ser el Centinela de Jesús, Mi Señor, y de María la Madre de Dios. El dolor que llevaba en la profundidad de Mi Ser fue suavizado, menguado, porque comprendí que Dios no Nos había abandonado, caminaba junto a Nosotros. Comprendí que, el que Todo lo puede, Lo cargaba en Mis brazos. Comprendí que el desierto no era árido, porque los Ríos de Agua Viva fluirían sobre la arena seca. Comprendí que a nada hay que temer porque el Invencible, el León de Judá, estaría ahí para defendernos.
Amados hijos, id a donde el Señor os envíe. Andad ligeros de equipaje que Él os proveerá y os dará todo, no pasaréis penurias, ni escasez, ni calor, ni frío porque Jesús ha de ser vuestro Báculo, vuestro Sostén. Obedecedle y haced por entero Su Divina Voluntad. No tendréis pérdidas, Él os orientará, os mostrará los caminos que os habrán de llevar al Cielo.
*******

6º  Dolor y Gozo

El regreso de la Sagrada Familia a Nazaret.

San José dice:Agosto 8/2009 (2:35 pm)

Hijos de Mi Corazón, abrid vuestros oídos a Mis palabras y contemplad cómo en sueños se Me aparece un Ángel y Me dice: ‘Toma a Jesús y a Su Madre y vuelve a la tierra de Israel porque ya están muertos los que Le buscaban para quitarle la vida’; vida que fue protegida por miríadas de Ángeles; vida que transcurrió normal por siete años, mientras vivíamos en Egipto; vida que fue un continuo aprendizaje para Nosotros, porque Su Sabiduría nos sorprendía a cada instante; vida Modelo de Virtud para los demás niños de Su misma edad; vida que hacía de lo cotidiano algo extraordinario; vida que enriqueció Nuestro hogar con Su Presencia, porque era el Hijo de Dios el que la habitaba, era el Hijo de Dios que perfumaba a nardo purísimo de celestial aroma cada espacio, cada rincón; era el Hijo de Dios, Lirio Puro caído del Cielo, quien nos recreaba haciéndonos menos tedioso el tener que vivir en tierra extranjera; tierra que tendríamos que abandonar por Designios de Dios; tierra que nos acogió y nos dio albergue, alimento; tierra que vio crecer al Niño Jesús en estatura y en sabiduría; tierra que Nos dejaría recuerdos, añoranzas.
Hijos amados, no vaciléis en dar cumplimiento a la Divina Voluntad, así vuestro corazón gima de dolor como el Mío; dolor de tener que sufrir penurias, dificultades al caminar de regreso a Judea; dolor al saber que Arquelao, hombre cruel como su padre, era el rey de aquella comarca; dolor de enfrentarme a una situación incierta, temerosa, porque Jesús y María podrían sufrir grandes daños. La Misericordia de Dios es Infinita y este dolor se cambió por un gran gozo; gozo cuando un Ángel Me ordenó que fuera a Nazaret y no temiera; gozo de sentirme custodiado, protegido; gozo de entender que a Jesús, Mi Hijo amado, nada Le sucedería; gozo de obrar siempre de acuerdo al Santo Querer de Dios; Querer que buscará siempre lo mejor para Sus hijos; Querer que moldea, acrisola, purifica a Sus creaturas.
Queridos hijos, no vayáis en contra de la corriente de Dios. Id tras los susurros de Su Brisa suave, no vayáis en oposición a Su Divina Voluntad, caminad en pos de Sus Designios de Amor; Designios que os harán sentir plenos, gozosos; Designios que os harán acreedores de una de las moradas de Su Reino.
*******

7º  Dolor y Gozo

La pérdida y hallazgo del Niño Jesús en el Templo.

San José dice:Agosto 8/2009 (9:30 pm)

Hijos carísimos, después de la vuelta de Egipto, todos los años íbamos con Jesús a Jerusalén para celebrar la solemnidad de la Pascua. Aconteció que cuando Jesús tenía doce años, fuimos según Nuestra costumbre y Él se quedó en Jerusalén sin darnos cuenta. Su pérdida produjo en Mi Corazón un gran sufrimiento, porque lo más amado no estaba a Mi lado; Mi Señor y Mi Dios no estaba cercano, Le sentía muy distante; la alegría y el brillo de Mis ojos se habían opacado por Su ausencia; la paz que habitaba dentro de Mí se había ido; ya no me producía el gozo de antes, porque Jesús, la única motivación de Mi existir se diluyó de Mis manos, se Me esfumó, se evaporó como viento.
Me sentía culpable de la desaparición de Mi amado Jesús. Sentía que había defraudado a Dios, que no había cumplido fielmente con la misión de custodiarlo, de protegerlo; pensé que Le había perdido para siempre. Le buscamos entre parientes y conocidos y no encontrándolo, volvimos a Jerusalén. Allí, Le hallamos al cabo de tres días de soledad y de abatimiento; Le vimos sentado en medio de los doctores de la ley; Le vimos resplandecer por Su elocuencia y sabiduría. Le vimos con Su Rostro sereno, apacible, porque estaba ocupado en los asuntos de Su Padre. Asuntos que sólo Él entendía porque aún Mi pensamiento no comprendía la magnitud de este Misterio de Amor. Al verle, la paz y la alegría tomaron asiento en Mi Corazón, porque Le había recuperado; el gran Tesoro, descendido del Cielo, Lo tenía nuevamente entre Mis brazos sin quererle soltar; brazos que Lo amaron como a Hijo y lo adoraron como a Mi Dios.
Hijos queridos, qué gran dicha la de Mi Corazón al haber exhalado Mi último suspiro en Brazos de Jesús y de María. Los dos delirios de Mi vida, estaban allí, en Mi lecho de muerte, allanando caminos para Mi partida. Los dos delirios de Mi vida Me tomaban entre Sus Brazos, dando descanso a Mi cuerpo fatigado. Los dos delirios de Mi vida oraban al Padre y preparaban el gran momento para Mi celestial encuentro con Él. Haced de vuestras vidas ofrenda de amor al Padre. Padre que os tomará entre Sus Brazos y os llevará al disfrute del Cielo eterno.

[1] Agustín del Divino Corazón, Libro 9,  ‘María, Madre de la Iglesia’ (May-Ago / 2009).

miércoles, 14 de enero de 2015

Historia del Niño Jesús de Praga

El Niño Jesús de Praga


En la Iglesia Santa María de La Victoria, en Praga, capital de la actual República Checa, se venera la Imagen del Niño Jesús de Praga, cuya historia es tan prodigiosa, así como milagrosa.

El origen de la Imagen del Niño Jesús de Praga se remonta hacia finales de la Edad Media. Entre las poblaciones de Córdoba y Sevilla, en España, al sur de las márgenes del Guadalquivir, había un famoso Monasterio Carmelita, lleno de monjes. Pero después de una incursión de los moros que poblaban la zona, quedó reducido a ruinas, y sólo cuatro monjes se salvaron de la catástrofe. Entre ellos estaba Fray José de la Santa Casa, un lego con corazón de santo y cabeza y manos de artista, y con un amor desbordante a la Santa Infancia de Jesús. En cualquier oficio que la obediencia le mandase, se le encontraba infaliblemente, pensando y hablando con el Niño Jesús.

Un buen día Fray José estaba barriendo el suelo del monasterio, y de repente se le presentó un hermoso Niño que le dijo:

“¡Qué bien barres, fray José, y qué brillante dejas el suelo! ¿Serías capaz de recitar el Ave María? -Pues entonces, dila.”

Fray José dejó a un lado la escoba, se recogió, juntó las manos, y con los ojos bajos comenzó la Salutación Angélica. Al llegar a las palabras: "et benedictus fructus ventris tui" (y bendito el Fruto de Tu Vientre), el Niño le interrumpió, diciéndole:

“¡ÉSE SOY YO!” Y enseguida desapareció.

Fray José gritó extasiado: -¡Vuelve Pequeño Jesús, porque de otro modo moriré del deseo de verte! Pero Jesús no vino. Y Fray José, seguía llamándolo día tras día, en la celda, en el huerto, en la cocina... en todas partes. Al fin, un día sintió que la voz de Jesús le respondía:

“Volveré, pero cuida de tener todo preparado, para que a Mi llegada hagas de Mí una Estatua de cera, en todo igual a como Soy.”

Fray José corrió a contárselo al padre Prior, pidiéndole cera, un cuchillo y un pincel. El Superior se lo concedió y Fray José se entregó con ilusión a modelar una estatua de cera del Niño que había visto. Hacía una y la deshacía, para hacer otra, pues nunca quedaba conforme, y cada una que hacía le salía más bella que la anterior, y así pasaba el tiempo, esperando que regresase su Amado Jesusito.

Por fin llegó el día en el que, rodeado de Ángeles, se le presentó el Niño Jesús y Fray José, en éxtasis, puso los ojos en el Divino Modelo y copió al Niño que tenía delante. Cuando terminó y observó que su Imagen era igual al Sagrado Modelo, estalló en risas y llantos de alegría, cayó de rodillas delante de Ella y, posando la cabeza sobre las manos juntas, murió. Los mismos Ángeles que acompañaron a su Niño Jesús, recogieron su espíritu y lo llevaron al Paraíso. Los religiosos enterraron piadosamente el cuerpo del santo lego y con particular devoción colocaron la Imagen de cera del Niño Jesús en el oratorio del Monasterio.

Aquella misma noche, Fray José se apareció en sueños al Padre Prior, comunicándole lo siguiente: “Esta estatua, hecha indignamente por mí, no es para el monasterio. Dentro de un año vendrá Doña Isabel Manríquez de Lara, a quien se la daréis, quien a su vez se la entregará a su hija como regalo de bodas, quien la llevará a Bohemia y de la capital de aquel reino será llamado Niño Jesús de Praga entre los pueblos y naciones. La Gracia, la Paz y la Misericordia descenderán a la Tierra por Él escogida para habitar en ella; el pueblo de aquel reino será su pueblo, y Él será su PEQUEÑO REY.”

Y efectivamente al año en punto, Doña Isabel Manríquez de Lara, en un viaje de recreo por la zona, topó con las ruinas del monasterio, y el Prior, ya único superviviente le entregó la Imagen del Niño Jesús, contándole su fascinante historia. La dama llena de alegría, retornó a su castillo de Sierra Morena, muy cerca de Córdoba. Y aquí la leyenda deja paso a la Historia... Lo que sí se sabe es que en 1526, cuando Fernando I de Habsburgo, se ciñó la corona de Bohemia y Hungría, los enlaces entre las familias nobles españolas y eslovacas se fomentaron.

Por otra parte, los Padres Carmelitas Descalzos se habían establecido en Praga en el año 1624, cuando el emperador Fernando II de Habsburgo, nieto de Fernando I, les donó la antigua Iglesia Luterana de la Santísima Trinidad, la cual permanecía cerrada desde 1622, cuando los luteranos se fueron después que perdieron la batalla de la Montaña Blanca. Los Carmelitas recibieron también una casa para hacer el convento y un cementerio anexo, y consagraron la Iglesia a Santa María de la Victoria. Difíciles en extremo eran los tiempos que atravesaba Bohemia cuando llegaron estos religiosos, pues se hallaba asolada por guerras sangrientas que tenían a Praga presa de todo tipo de calamidades, a tal punto que el monasterio mismo de los Carmelitas carecía de lo indispensable para sobrevivir.

 En esa época vivía en Praga la piadosa princesa Polixena Lobkowitz, quien luego de su segunda viudez, en 1628, sintiendo en el alma las apremiantes necesidades de los Carmelitas, resolvió donarles una pequeña estatua de cera, de 48 cm, que poseía. Era una Imagen del Niño Jesús, de pie, con Su Mano derecha levantada, en actitud de bendecir; mientras con la izquierda sostenía un globo dorado, representando la Tierra; Su Rostro era tierno y lleno de gracia. Al entregarle la Imagen al Prior, le dijo:

“Yo os ofrezco, querido padre, lo que más quiero en el mundo. Honrad a este Niño Jesús y estad seguros de que, mientras Lo veneréis, nada os faltará.”

Tal Imagen era un querido recuerdo de familia, pues su madre, Doña María Manrique de Lara, la había recibido como regalo de nupcias cuando se casó con Vratislav de Pernstein, y la había dado a su hija Polixena, también como regalo de bodas.

La estatua fue recibida con gratitud y colocada en el oratorio interior del convento, donde fue objeto de la veneración de todos aquellos buenos Padres, distinguiéndose entre todos el Padre Cirilo. La promesa de la donante se cumplió a la letra, y los maravillosos efectos de la protección del Divino Niño no tardaron en manifestarse, pues muy pronto fueron milagrosamente socorridas las necesidades del monasterio.

Entre tanto, estalló de nuevo la guerra en Bohemia, los protestantes se reagruparon en noviembre de 1631, bajo el mando del príncipe de Sajonia, y asediaron nuevamente Praga. Hubo pánico y la angustia dominó a los habitantes de la ciudad. Muchos huyeron. Los soldados protestantes invadieron las iglesias, profanando y destruyendo los objetos del culto católico. Pusieron en prisión a los frailes Carmelitas y saquearon el convento. Al ver la Imagen del Niño Jesús, uno de los soldados seccionó con la espada las manitas de la Imagen y la arrojó entre los escombros a que había quedado reducido el altar.

Al año siguiente, se retiró el enemigo de Praga y pudieron los religiosos volver a su convento, pero nadie se acordó de la preciosa Estatua. Por esto, sin duda, se vio reducido el monasterio a la miseria como el resto de la población, pues los religiosos carecían de alimentos para ellos, y de los recursos indispensables para restaurar su casa. Mas, después de 7 años de tanta desolación, volvió a Praga el Padre Cirilo, en el año 1637, cuando Bohemia se hallaba en peligro inminente de sucumbir y hasta de perder el don inestimable de la fe, y cuando la ciudad estaba por todas partes rodeada de enemigos. El Prior recomendó a sus frailes que rezasen, pues esta vez sólo la oración podía salvarlos. Entonces fray Cirilo sugirió que se encomendasen al Pequeño Rey y se puso a buscar nuevamente la Imagen. Después de mucho trabajo, la encontró al fin entre los escombros, detrás del altar. La limpió, la cubrió de besos y de lágrimas, y como aún conservaba intacto el Rostro la expuso en el coro a la veneración de los religiosos, quienes llenos de confianza en Su Protección, cayeron de rodillas ante el Divino Infante y le suplicaron fuese su Refugio, su Fortaleza y Amparo en todo sentido. Desde el momento en que fue colocada en su puesto de honor, el enemigo levantó el sitio y el convento se vio provisto en el acto de cuanto necesitaban los religiosos.

Un día se encontraba el Padre Cirilo en oración, delante del Niño Dios, cuando Éste le dijo:

“Tened piedad de Mí y Yo Me apiadaré de vosotros. Restituidme las Manos y Yo os devolveré la paz. Cuanto más Me honrareis, tanto más os bendeciré.”

Sorprendido el buen Padre, corrió inmediatamente a la celda del Padre Superior y le contó lo ocurrido, pidiéndole que hiciese reparar la Estatua. El Superior se negó a ello, alegando la extremada pobreza del Convento. Profundamente afligido, el fraile pidió a Dios le diese los medios para cumplir Su misión. Entonces, el humilde devoto de Jesús fue llamado a auxiliar a un moribundo, Benito Maskoning, quien le dio 100 florines de limosna. Se los llevó al Superior con la convicción de que con ellos haría reparar la estatua, pero este juzgó que era mejor comprar otra más hermosa y así lo hizo. El Señor no tardó en manifestar Su desagrado, pues el mismo día de la inauguración de la nueva efigie, un candelabro que estaba fijo y muy asegurado en la pared, se desprendió y cayendo sobre la estatua, la redujo a pedazos. Al mismo tiempo, el Padre Superior cayó enfermo y no pudo terminar su período de mando.

Elegido un nuevo Superior, el Padre Cirilo volvió a suplicarle que hiciera reparar la Estatua, recibiendo otra negativa. Entonces sin desmayar, se dirigió a la Santísima Virgen. Apenas acabada su oración, lo llamaron a la Iglesia; se le acercó una señora de venerable aspecto, que dejó en sus manos una cuantiosa limosna, y desapareció sin que nadie la hubiese visto entrar ni salir de la Iglesia. Lleno de gozo, el Padre Cirilo fue a dar cuenta al Superior de lo que pasaba; pero éste no le dio más que medio florín (25 centavos); siendo insuficiente esta suma, todo quedó en el mismo estado. El convento se vio sujeto a nuevas calamidades; los religiosos no tenían posibilidad de pagar la renta de una finca que habían arrendado y que no les producía nada. Los rebaños murieron, la peste desoló la ciudad, muchos carmelitas, inclusive el Superior, sufrieron este azote.

Se le Apareció entonces la Santísima Virgen al Padre Cirilo y le hizo comprender que el Niño Jesús debería ser restaurado cuanto antes y expuesto a la veneración de los fieles en una Capilla a Él dedicada. Todos acudieron al Niño Jesús. El Superior se humilló y prometió celebrar diez Misas ante la Estatua y propagar Su Culto. La situación mejoró notablemente, pero como la Estatua continuaba en el mismo estado, el Padre Cirilo no cesaba de clamar sus quejas ante su generoso Protector, cuando oyó de Sus Divinos Labios estas Palabras:

"Colócame a la entrada de la Sacristía, y encontrarás quien se compadezca de Mí."

En efecto, se presentó un desconocido, el cual, notando que el hermoso Niño no tenía Manos, se ofreció espontáneamente a hacérselas poner, no tardando en recibir su recompensa, pues ganó a los pocos días un pleito casi perdido, con lo que salvó su honor y su fortuna.

Los beneficios innumerables que todos alcanzaban del milagroso Niño, multiplicaban día a día el número de Sus devotos. Por esto deseaban los Carmelitas edificarle la Capilla pública, teniendo en cuenta que el sitio donde debían levantarla, había sido ya indicado por la Santísima Virgen al Padre Cirilo, pero faltaban los recursos y además, temían emprender esta nueva construcción en un tiempo en el que los calvinistas arrasaban con todas las iglesias católicas. Hasta que el año 1642, la princesa Lobkowitz mandó edificar un nuevo Santuario que se inauguró en 1644, el día de la Fiesta del Santo Nombre de Jesús… Cuando Fray Cirilo murió en 1675, a la edad de 85 años, la Imagen había sido entronizada en un magnífico altar de la iglesia de Santa María de La Victoria y la Devoción al Niño Jesús de Praga se había difundido en todas las clases sociales.


viernes, 2 de enero de 2015

Aparición de la Virgen del Pilar al Apóstol Santiago

HISTORIA DE LA VIRGEN DEL PILAR



La Catedral-Basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, en España, es considerada el primer Santuario Mariano de la cristiandad. De acuerdo a la tradición católica después de Pentecostés (hacia 30 dC), cuando los apóstoles son enviados a la predicación, Santiago el Mayor habría cruzado el Mar Mediterráneo y desembarcado en la Hispania (actuales España y Portugal) para predicar el Evangelio. Cuenta la historia que en la noche del 2 de enero del año 40, la Virgen María se le Apareció en la región de Caesaraugusta, a orillas del río Ebro.

El apóstol Santiago, primer apóstol mártir, había viajado desde Jerusalén hasta Cádiz (España). Sus predicaciones no fueron bien recibidas, por lo que se trasladó posteriormente a Zaragoza. Aquí se convirtieron muchos habitantes de la zona. Estuvo predicando también en Granada, ciudad en la que fue hecho prisionero junto con todos sus discípulos y convertidos. Santiago llamó en su ayuda a la Virgen María, que entonces vivía aún en Jerusalén, rogándole lo ayudase. La Virgen le concedió el favor de liberarlo y le pidió que se trasladara a Galicia a predicar la fe, y que luego volviese a Zaragoza.

Santiago cumplió su misión en Galicia y regresó a Zaragoza, donde corrió muchos peligros. Una noche, el apóstol estuvo rezando intensamente con algunos discípulos junto al río Ebro, cerca de los muros de la ciudad, pidiendo luz para saber si debía quedarse o huir. Él pensaba en María Santísima y Le pedía que rogara con él para pedir consejo y ayuda a Su Divino Hijo Jesús, que nada podía entonces negarle. De pronto, se vio venir un resplandor del cielo sobre el apóstol y aparecieron sobre él los Ángeles que entonaban un canto muy armonioso mientras traían una columna de Luz, cuyo pie, en medio de un rayo luminoso, señalaba un lugar, a pocos pasos del apóstol, como indicando un sitio determinado.

Sobre la columna, se le Apareció la Virgen María. Santiago se levantó del lugar donde estaba rezando de rodillas, y recibió internamente el aviso de María de que debía erigir de inmediato una iglesia allí; que la intercesión de María debía crecer como una raíz y expandirse. María le indicó que, una vez terminada la iglesia, debía volver a Jerusalén. Santiago se levantó, llamó a los discípulos que lo acompañaban, que habían oído la música y visto el resplandor; les narró lo demás, y presenciaron luego todos cómo se iba desvaneciendo el resplandor de la Aparición. En el Lugar de la Aparición, se levantó lo que hoy es la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, un lugar de peregrinación famoso en el mundo entero que no fue destruido en la guerra civil española (1936-1939), puesto que las bombas que se lanzaron no explotaron, pudiéndose hoy en día verse expuestas en el interior de la Basílica.

Santiago partió de España, para trasladarse a Jerusalén, como María le había ordenado. En este viaje visitó a María en Éfeso. María le predijo la proximidad de su muerte en Jerusalén, y lo consoló y lo confortó en gran manera. Santiago se despidió de María y de su hermano Juan, y se dirigió a Jerusalén, donde al poco tiempo fue hecho prisionero.

Fue llevado al monte Calvario, fuera de la ciudad. Durante el recorrido, estuvo predicando y aún fue capaz de convertir a algunas personas. Cuando le ataron las manos, dijo: “Vosotros podéis atar mis manos, pero no mi bendición y mi lengua”. Un tullido que se encontraba a la vera del camino, clamó al apóstol que le diera la mano y lo sanase. El apóstol le contestó: “Ven tú hacia mí y dame tu mano”. El tullido fue hacia Santiago, tocó las manos atadas del apóstol e inmediatamente sanó.

Josías, la persona que había entregado a Santiago, fue corriendo hacia él para implorar su perdón. Este hombre se convirtió a Cristo. Santiago le preguntó si deseaba ser bautizado. Él dijo que sí, por lo que el apóstol lo abrazó y le dijo: “Tú serás bautizado en tu propia sangre”. Y así se cumplió más adelante, siendo Josías asesinado posteriormente por su fe. En otro tramo del recorrido, una mujer se acercó a Santiago con su hijo ciego para alcanzar de él la curación para su hijo, obteniéndola de inmediato.

Una vez llegado al Monte Calvario, el mismo lugar donde años antes fue crucificado Nuestro Señor, Santiago fue atado a unas piedras. Le vendaron los ojos y le decapitaron. El cuerpo de Santiago estuvo un tiempo en las cercanías de Jerusalén. Cuando se desencadenó una nueva persecución, lo llevaron a Galicia (España) algunos discípulos.

En siglos posteriores y hasta el momento actual, numerosos fieles, principalmente de Europa, recorren parcialmente el ‘Camino de Santiago’ que les conduce a la tumba del Santo, con el fin de pedir perdón por sus pecados.


Aparición de la Virgen María al Apóstol Santiago según revelación a la Beata María de Jesús de Ágreda:

“Manifestósele a Santiago la Reina del Cielo desde la nube y trono donde estaba rodeada de los Coros de los Ángeles... El dichoso Apóstol se postró en tierra y con profunda reverencia adoró a la Madre de su Creador y Redentor y vio juntamente la Imagen y Columna o Pilar en mano de algunos Án­geles. La piadosa Reina le dio la bendición en Nombre de Su Hijo San­tísimo y le dijo:

“Este lugar ha señalado y destinado el Altísimo y Todopoderoso Dios del Cielo, para que en la Tierra Le consagréis y dediquéis un Templo y Casa de Oración, de donde debajo del Tí­tulo de Mi Nombre quiere que el Suyo sea ensalzado y engrandecido, y que los Tesoros de Su Divina Diestra se comuniquen, franqueando liberalmente Sus antiguas Misericordias con todos los fieles; y que por Mi Intercesión las alcancen, si las pidieren con verdadera fe y piadosa devoción. Yo, en Nombre del Todopoderoso, les prometo gran­des favores y Bendiciones de dulzura y Mi verdadera protección y amparo, porque éste ha de ser Templo y Casa Mía y Mi propia he­rencia y posesión. Y en testimonio de esta Verdad y Promesa quedará aquí esta Columna y colocada Mi propia Imagen, que en este lugar donde edificaréis Mi Templo perseverará y durará con la Santa Fe has­ta el fin del mundo.” [1]





[1] Ágreda, Madre Sor María de Jesús, “Mística Ciudad de Dios.” Tercera Parte, Libro 7, Capítulo 17, Nº 352.