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domingo, 24 de marzo de 2019

21 de Marzo: Hermana María Marta Chambon (1844-1907), Apóstol de las Santas Llagas.

21 de Marzo
Año: 1866 / Lugar: CHAMBÉRY, Francia
Devoción a Las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo

Vidente: Hna. María Martha Chambon (1844-1907)
Rosario de las Santas Llagas



Hna. María Marta Chambon, Apóstol
de las Santas Llagas

María Marta Chambón era hermana lega en el monasterio de la Orden de la Visitación de Santa María, en Chambéry (Francia). Entre otras tareas, atendía el comedor de las niñas, la limpieza de algunas clases, y cuidaba de la huerta. También asistía a los actos propios de la comunidad.
Nació en Croix-Rouge (Chambéry), el 24 de Mayo de 1844, y murió el 21 de marzo de 1907. Entró en el convento a los 18 años. Desde 1866 se le manifestó el Señor en numerosas ocasiones. En septiembre de 1867 le dijo el Señor:
“Yo te he escogido para hacer revivir en los actuales tiempos, tan difíciles, la devoción a Mis Santas Llagas”.
La Madre superiora del monasterio de Chambéry, escribió en 1866: “La hermana María Marta goza de la visión de Dios y conversa largamente con el Salvador, su Santísima Madre, nuestros fundadores, los ángeles y los santos…”
A la hermana María Marta le fue revelado repetidas veces que, así como su hermana en religión Margarita María de Alacoque había sido escogida para revelar al mundo el amor y las riquezas del Corazón de Jesús, así ella lo había sido para hacer lo mismo con sus Llagas Santísimas.
San Francisco de Sales le dijo en cierta ocasión: “A mi hija Margarita le fue revelado el Corazón de Jesús; a mi pequeña María Marta, las Santas Llagas de Jesús”.
(Santa Margarita María de Alacoque y María Marta Chambon son ambas de la Orden de la Visitación de Santa María, fundada por San Francisco de Sales y Santa Juana Francisca Fremiot de Chantal).
Y la Santísima Virgen: “Tu santa hermana Margarita María ha reproducido en sí el Corazón de Mi Hijo para regalarlo al mundo. Y tú, hija Mía, has sido elegida para ofrecer satisfacción a la justicia de Dios, ofreciéndole los méritos de la Pasión, sobre todo de las Santas Llagas, de Mi único y muy querido Jesucristo”.
Palabras del Señor a María Marta Chambon:
“Cada vez que ofrezcas a Mi Padre celestial los méritos de Mis Santas Llagas, ganas riquezas infinitas… En la contemplación de Mis Llagas se encuentra todo, para sí y para los demás… Yo garantizo conceder todo lo que se Me pida por Mis Santas Llagas”.
En otra ocasión le dijo:
“¿Crees, hija querida, que Yo puedo permanecer sordo a los que se encomiendan a Mis Santas Llagas?”
Y se le apareció con Sus Santas Llagas brillando como soles, especialmente las de la cabeza y del costado, de tal manera que apenas podía soportar su resplandor.
“Así las verás tú —le dijo— por toda la eternidad, por haberlas honrado aquí en la tierra”.
Un día se le apareció Jesús y le enseñó esta oración:
“Jesús mío, perdón y misericordia por los méritos de Tus Santas Llagas”.
También le dio a entender cuánto le agradaba esta jaculatoria, qué gracias traía al alma y cuánto ayudaba, sobre todo, a los enfermos en sus necesidades espirituales y corporales.
Otra vez se le indicó que el ofrecimiento de su santa Pasión y de sus Llagas al Eterno Padre, le agrada inmensamente. Al pecador arrepentido se le concederá la conversión si repite con fe:
“Padre Eterno, Te ofrezco las Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para que cures las llagas de nuestras almas.”
*******

Del Libro: La Hermana 
María Marta Chambon de la Visitación de Santa María de Chambéry Las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo

Chambéry, 21 de Noviembre de 1923.
Por orden de S.I. Monseñor Castellan he leído el libro intitulado La Hermana María Marta Chambon y las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo y no he hallado nada en él que no pueda explicarse con conformidad de fe y de costumbres con la doctrina de nuestra Santa Madre la Iglesia.
Fr. Bouchage, C. SS. R.
Censor.
         IMPRIMATUR.
Chamberii, 21. Nov. 1923.
         † Dominicus     Archiep. Camberiensis.
Santanderii, 20 Maii 1924.
Imprimi potest. JoannesEpiscopus Santanderiensis.
De mandato S. I. R.
Dr. Aurelius Yanguas, C. S.
***
En el relato de los hechos contenidos en esta reseña y en la elección de expresiones, declaramos que no queremos anticiparnos en nada al juicio de la santísima Iglesia, nuestra Madre, a la cual estamos consagradas y sometidas de lo más íntimo de nuestros corazones.
La Superiora y las Religiosas de la Visitación de Santa María, de Chambéry.¡Dios sea bendito!
***

VIVA † JESÚS

Al lector.

No otro intento nos mueve a publicar en nuestra hermosa lengua el presente opúsculo, sino el de ayudar a las almas a comprender más y más el amor ardiente que el Corazón de Jesús para ellas encierra y los infinitos méritos que en sus Llagas Sacratísimas tenemos.
En nuestra humilde tierra nació y se arraigó este hermosísimo árbol de la devoción al Sagrado Corazón. Jesús lo dio a su pequeñita Visitación, para que ella extendiera por el mundo entero los frutos preciosísimos de ese árbol de vida y aquella queja que al entregarle su Corazón, “ardiendo en llamas y coronado con una cruz”, escuchó un día nuestra Hermana Margarita María de Alacoque: “He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres y de los cuales es tan mal correspondido”, resuena siempre en los nuestros cual eco dulcísimo que nos recuerda nuestra sublime misión de “ser las consoladoras de las agonías, de los dolores de su amabilísimo Corazón”. Y si a esto añadimos el estar nuestro Monasterio tan cerca del privilegiado Santuario de Limpias, de ese trono, donde desde su Cruz se complace nuestro dulcísimo Redentor en atraer a sus pies a las almas para que contemplen sus dolores y sepan apreciar, agradecer y recoger los inmensos frutos de su santísima Pasión, de su preciosísima Sangre y de sus adorables Llagas, se comprenderá el porqué nos ha parecido ser nosotras las llamadas a hacer conocer a todas las almas justas y pecadoras las consoladoras palabras y las regaladísimas promesas que el Salvador se ha dignado hacernos por medio de otra alma privilegiada, florecita humilde del humildísimo jardín de San Francisco de Sales: Hermana María Marta Chambon, a quien el divino Salvador decía: “Yo te he escogido para despertar la devoción a mi santa Pasión en los desgraciados tiempos en que vivís.”
En estas páginas encontrarán todos cuantos las leyeren luz, consuelo, fortaleza y esperanza dulcísima, que les hará exclamar con San Bernardo: “¡Oh, Jesús, tus Llagas son mis méritos!”
Así, pues, en este día de la Invención de la Santa Cruz ponemos a los pies del Santo Cristo de la Agonía nuestro modesto trabajo para que Él lo bendiga y haga que en estas páginas beban muchas almas el amor y la devoción a sus Santas Llagas, que, según su promesa, “repararán las nuestras”.
Las Hermanas de la Visitación de Santa María.De nuestro Monasterio de Santander, a 3 de Mayo de 1924,
fiesta de la Invención de la Santa Cruz.
***

VIVA † JESÚS

La Hermana María Marta Chambonde la Visitación de Santa María de Chambéry
y
Las Santas Llagasde Nuestro Señor Jesucristo
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Infancia y juventud[1]

Francisca Chambon, nació de una familia modesta, pero muy cristiana, de labradores en el caserío de la Cruz Roja en Chambéry, el 24 de Mayo de 1844. En el mismo día recibió el santo Bautismo en la iglesia parroquial de San Pedro de Lémenc.
Quiso Nuestro Señor desde muy temprano revelarse a esta alma inocente. Apenas tenía Francisca nueve años, cuando llevándola su tía un Viernes Santo a la adoración de la Cruz, Cristo, Nuestro Señor, se ofreció a sus miradas, desgarrado, ensangrentado, como en el Calvario. “¡Oh, en qué estado estaba!…”, nos dirá ella más tarde.
Esta fue una primera revelación de la Pasión del Salvador que tanto lugar había de tener en su existencia. Mas la aurora de su vida aparece sobre todo favorecida por las visitas de Jesús Niño. El día de su primera Comunión, Él vino a ella visiblemente; desde entonces, en cada una de sus Comuniones, hasta su muerte, será siempre el Niño Jesús a quien verá en la santa Hostia. Él se hace el compañero inseparable de su juventud, la sigue al trabajo en el campo, habla con ella por el camino, la vuelve a la choza paterna: “Estábamos siempre juntos… ¡Ay, qué feliz era yo!, ¡tenía el paraíso en el corazón!…”,decía ella hacia el fin de su vida, recordando esos dulces y lejanos recuerdos.
En la época de estos precoces favores, Francisca no pensaba en hacer la confidencia de su vida de familiaridad con Jesús; se contentaba con gozar de ella, creyendo ingenuamente que todo el mundo poseía el mismo privilegio.
Sin embargo, el fervor y la pureza de esta niña no podían pasar desapercibidos al digno Cura de la parroquia; así la admitió con frecuencia a la santa Mesa. Y él fue quien descubrió en ella la vocación religiosa y la vino a presentar a nuestro Monasterio.


Primeros años de Religión.

Diez y ocho años tenía Francisca Chambón cuando la Visitación de Santa María de Chambéry le abrió sus puertas. Dos años después, en la fiesta de Nuestra Señora de los Ángeles, 2 de Agosto de 1864, pronunciaba los santos votos y tomaba lugar definitivamente, con el nombre de Hermana María Marta, entre las religiosas de velo blanco.
Nada en lo exterior prevenía en favor de la nueva esposa de Jesucristo. La belleza de la hija del Rey era verdaderamente toda interior… Dios, que, sin duda, se reservaba compensaciones, había tratado a la Hermana María Marta respecto a los dones exteriores con una verdadera parsimonia. Modales y lenguaje rústicos; un entendimiento más bien mediano, que ninguna cultura, ni aun somera, viniera a desarrollar; la Hermana María Marta no sabía leer ni escribir[2] —sentimientos que no se elevarán sino bajo la influencia divina; un temperamento vivo y algún tanto terco—; las Hermanas, sus compañeras, lo declaran sonriendo: “¡Oh! Santa: ¡era una verdadera santa!; pero ¡cuánto ejercitaba algunas veces! ¡La santa bien lo sabía! En su sencillez encantadora se quejaba a Jesús de tener tantos defectos: “Tus imperfecciones, la contestaba Él, son la mayor prueba de que todo lo que en ti pasa viene de Dios. Yo no te las quitaré nunca; son la tapa que oculta mis dones. ¿Tienes muchos deseos de ocultarte? ¡Yo tengo aún más que tú!…”
Enfrente de este retrato, se colocaría con gusto un segundo con líneas muy de otro modo atractivas. Bajo el exterior de un bloque informe, la observación más atenta de los Superiores no tardó en adivinar una fisonomía moral ya hermosísima y que se embellecería cada día bajo la acción del Espíritu de Jesús. Se notaban en ella de esos rasgos trazados con señales infalibles que revelan al Artista divino… y lo revelan tanto mejor cuanto que la falta de gracias de naturaleza no ha desaparecido. ¡En ese entendimiento tan corto, cuántas luces, cuántas ideas profundas! ¡En ese corazón sin cultura natural, qué inocencia, qué fe, qué piedad, qué humildad, qué sed de sacrificios! Bastará por el momento recordar el testimonio de su superiora, nuestra respetable Madre Teresa Eugenia Revel: La obediencia es todo para ella. El candor, la rectitud, el espíritu de caridad que la animan, su mortificación y, sobre todo, su humildad sincera y profunda, nos parecen los más seguros garantes de la conducta de Dios sobre esta alma. Cuanto más recibe, mayor es el verdadero desprecio de sí misma, estando casi habitualmente aplastada por el temor de estar en ilusión. Dócil a los consejos que se la dan, las palabras del Sacerdote y de la Superiora tienen grande poder para darle la paz… Lo que nos tranquiliza, sobre todo, es su amor apasionado por la vida oculta; su imperiosa necesidad de ocultarse a toda mirada humana y el terror que tiene de que se den cuenta de lo que en ella pasa.”
Los dos primeros años de vida religiosa de nuestra Hermana se deslizaron bastante normalmente. Fuera de un don de oración poco ordinario, de un recogimiento perpetuo, de un hambre y sed de Dios siempre creciente, nada verdaderamente particular ni que haga prever cosas extraordinarias se advirtió en ella.
Pero en Septiembre de 1866, la joven conversa empieza a ser favorecida con frecuentes visitas de Nuestro Señor, de la Santísima Virgen, de las Almas del Purgatorio y de los Espíritus bienaventurados.
Jesús crucificado, sobre todo, la ofrece casi a diario sus Llagas divinas para contemplarlas, ya resplandecientes y gloriosas, ya lívidas y ensangrentadas, rogándola que se asocie a los dolores de su santa Pasión.


Velas y penitencias corporales.

Las Superioras, inclinándose ante las señales ciertas de la voluntad del cielo —señales sobre las cuales no podemos detenernos en este corto compendio—, se deciden poco a poco, a pesar de sus temores, a entregarla a las exigencias de Jesús Crucificado.
La Hermana María Marta se ve primero invitada a pasar las noches tendida sobre el suelo de su celda. Después recibe la orden de llevar día y noche un rudo cilicio. En seguida debe tejerse una corona de agudas espinas que no le permite descansar su cabeza sin sentir un vivo sufrimiento.
Al cabo de ocho meses, en Mayo de 1867, no contento de las noches pasadas en el suelo, con el cilicio y la corona de espinas, Jesús exige a la Hermana María Marta el sacrificio de su mismo sueño, mandándole velar sola, cerca del Santísimo Sacramento, mientras que todo dormía en el Monasterio.
A tales exigencias, no se encuentra a gusto la naturaleza. ¿Mas no es esto lo que premian habitualmente los favores divinos?… En el silencio de las noches, se comunica Nuestro Señor a su sierva del modo más maravilloso. Algunas veces, sin embargo, la deja luchar penosamente, durante largas horas, contra el cansancio y el sueño. Empero, lo más ordinario es que se apodere de ella inmediatamente y la arrebate en una especie de éxtasis. Él la confía sus penas y sus secretos de amor, la colma de caricias, toma su corazón para sumergirle en el suyo. Sus encantos sobre este alma humildísima, sencillísima y dócil crecen cada día.
Continúa…
________________________
[1] No se encontrará aquí una Vida completa de la Hermana María Marta Chambon, sino sencillamente algunas indicaciones biográficas, encajando un Expuesto de su devoción preferida: La devoción a las Santas Llagas.
[2] Conviene no perder nunca de vista esta completa ignorancia de la Hermana María Marta; de una parte se admirarán de encontrar tanta exactitud doctrinal y precisión de expresión en una persona tan poco cultivada; por otra parte se excusará fácilmente lo que puede dejar que desear en “ciertos detalles que no se refieren a lo sustancial de las cosas” (Apreciación del R. P. Mazoyer, S. J.).
De los escritos de la Hna. María Marta Chambon aquí publicados:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/hna-maria-marta-chambon/

martes, 5 de marzo de 2019

Revelaciones de la Santa Faz a la Beata María Pierina de Micheli (1890-1945)

Martes de Quincuagésima (Carnaval) – 26 de Julio
Años 1936-1940 / Lugar: MILÁN, Italia
Revelaciones de Jesús y María sobre la Devoción al Divino Rostro
Vidente: Beata María Pierina de Micheli (1890-1945)


Beata María Pierina de Micheli


Datos Biográficos
Josefina Francisca María de Micheli, nace en Milán el 11 de septiembre de 1890.
El 16 de Mayo de 1914 ingresa en la casa local de la Congregación de las Hijas de la Inmaculada Concepción de Buenos Aires, tomando el nombre de Hermana María Pierina. Trabajó en la sede del instituto, en la capital argentina desde 1919 hasta la profesión religiosa, en 1921, cuando regresó a Milán.
En esta comunidad fue elegida Madre superiora en 1928. De nuevo, Madre general en 1929; fue confirmada Superiora de la Casa en Milán y designada delegada para asuntos exteriores, por lo que a partir de esa fecha se dividió entre Milán y Roma.
En 1938, de acuerdo con su Madre general, comenzó la fundación en Roma del Instituto del Espíritu Santo. Se mudó allí en 1939 y en 1940 se convirtió en Superiora Regional de Italia, pero siguió yendo a Milán para seguir a las hermanas.
En 1940 obtuvo la autorización de la Curia de Milán para acuñar una Medalla para propagar la Devoción al Santo Rostro de Jesús. La Medalla reproduce la Imagen del Rostro de Jesús de la Síndone de Turín. La Madre Pierina trabajó duro para la difusión de esta Devoción. Después de su muerte, la propagación fue continuada por su director espiritual, el abad Ildebrando Gregori.
El 15 de julio de 1945, la Madre Pierina se enfermó gravemente de neumonía mientras estaba en la casa religiosa de su congregación en Centonara d’Artò, una aldea de Madonna del Sasso. El 21 de julio empeoró y recibió la Extrema Unción. Murió el 26 de julio de 1945, a los 55 años, cuando la Segunda Guerra Mundial apenas había terminado y Roma estaba ocupada por las tropas de los aliados. Su cuerpo fue colocado en el cementerio de Artò. El 27 de abril de 1970, transportada a la cripta de abajo de la capilla de la Casa del Volto Santo, en Centonara.
El 27 de marzo de 2007, los restos de la Madre Pierina fueron trasladados a Roma, en la capilla del Instituto del Espíritu Santo, donde están ubicados.

Revelaciones sobre la Devoción al Divino Rostro


Viernes Santo de 1902
En una extensa carta que la Madre Pierina escribió al Papa Pío XII, le dice:
Humildemente confieso que siento una gran devoción por el Divino Rostro de Jesús, devoción que me parece que me la infundió el mismo Jesús. Tenía doce años cuando un Viernes Santo, esperaba en mi Parroquia mi turno para besar el Crucifijo, cuando una voz clara me dijo:
“¿Nadie Me da un beso de amor en el Rostro para reparar el beso de Judas?”
En mi inocencia de niña, creí que todos habían escuchado la Voz, y sentía pena viendo que la gente continuaba besando las Llagas y ninguno pensaba besarlo en el Rostro. ‘Te doy yo, Jesús, el beso de amor, ten paciencia’. Y llegado el momento le estampé un fuerte beso en la cara con el ardor de mi corazón. Estaba feliz pensando que Jesús, ya contento, no tendría más pena. Desde aquel día el primer beso al Crucifijo, era a Su Divino Rostro y muchas veces los labios rehusaban separarse porque me sentía fuertemente retenida.

Noche del Jueves al Viernes Santo de 1915
La experiencia se repite cuando tiene 25 años, pero con otros prodigios:
En la noche del Jueves al Viernes Santo de 1915, mientras rezaba ante el Crucifijo en la Capilla de mi Noviciado, sentí que me decían:
“Bésame”.
Lo hice, y mis labios en vez de apoyarse sobre un rostro de yeso, sintieron el contacto con Jesús. ¿Qué pasó? Me es imposible decirlo.
Cuando la Superiora me llamó era ya de mañana, sentía el corazón lleno de las penas y deseos de Jesús; deseaba reparar las ofensas que recibió Su Santísimo Rostro en la Pasión y las que recibe en el Santísimo Sacramento.

12 de Abril de 1920
En este mismo Colegio de Argentina sucede otra Aparición cinco años después:
En 1920, el 12 de abril me encontraba en Buenos Aires en la Casa Madre. Tenía una gran amargura en el corazón. Fui a la Iglesia y prorrumpí en llanto lamentándome con Jesús. Se me presentó con el Rostro ensangrentado y con una expresión de dolor tal que conmovería a cualquiera. Con una ternura que jamás olvidaré me dijo:
“Y Yo, ¿qué he hecho?”
Comprendí… y a partir de ese día, el Divino Rostro se convirtió en mi libro de meditación, la puerta de entrada a Su Corazón… De tanto en tanto, en los años siguientes continúa la carta se me aparecía ya triste, ya ensangrentado, comunicándome Sus penas y pidiéndome reparación y sufrimientos, llamándome a inmolarme ocultamente por la salvación de las almas.

Primer Viernes de Cuaresma de 1936
Jesús le dice:
“Deseo que Mi Rostro, el Cual refleja las íntimas penas de Mi Alma, el Dolor y el Amor de Mi Corazón, sea más honrado. Quien Me contempla Me consuela.”

Martes de Pasión de 1936
Jesús le vuelve a decir:
“Cada vez que se contemple Mi Rostro, derramaré Mi Amor en los corazones y por medio de Mi Divino Rostro, se obtendrá la salvación de tantas almas.”

En 1937
Estas manifestaciones de parte de Jesús se hacían siempre más insistentes.
Mientras oraba y después de haberme instruido en la devoción de Su Divino Rostro, me dijo:
“Podría ser que algunas almas teman que la Devoción a Mi Divino Rostro, disminuya aquella de Mi Corazón. Diles que, al contrario, será completada y aumentada. Contemplando Mi Rostro las almas participarán de Mis Penas y sentirán el deseo de amar y reparar. ¿No es ésta, tal vez, la verdadera Devoción a Mi Corazón?”

13 de Mayo de 1938
Mientras reza, la Virgen se Aparece a Sor María de Micheli, se presenta sobre la tarima del Altar en un haz de Luz. La bella Señora tenía en Sus Manos un Escapulario, formado por dos paneles blancos unidos por un cordón. En uno de los paneles está impresa la Imagen del Divino Rostro de Jesús y escrito alrededor: Illumina, Domine, Vultum Tuum super nos– Ilumina, Señor, Tu Rostro sobre nosotros. En el otro panel, una Hostia circundada por unos rayos y con la inscripción: Mane nobiscum, Domine – Quédate con nosotros, Señor. Lentamente la Virgen se acerca y le dice:
“Escucha bien y refiere al Padre Confesor. Este Escapulario es un Arma de defensa, un Escudo de fortaleza, un Paño de Misericordia que Jesús quiere dar al mundo en estos tiempos de sensualidad y de odio contra Dios y la Iglesia. Se tienen retos diabólicos para entrapar la fe de los corazones, el mal se propaga. Es necesario un remedio Divino y este remedio es el Rostro Santo de Jesús. Todos aquellos que lleven un Escapulario como éste y que cada martes hagan una visita al Santísimo Sacramento, para reparar los ultrajes que recibió en Su Sagrado Rostro durante Su Pasión, y que recibe cada día en el Sacramento Eucarístico, serán fortificados en la fe, listos para defenderla y para superar todas las dificultades internas y externas. Además, tendrán una muerte serena bajo el resguardo amable de Mi Divino Hijo.”

21 de Noviembre de 1938
En el mismo año Jesús se le presentó a la religiosa lleno de Sangre y con gran tristeza le dice:
“¿Ves cómo sufro? Además, qué poquísimos están agregados. ¡Cuánta ingratitud de parte de aquellos que dicen que Me aman! Les He dado Mi Corazón como objeto sensibilísimo de Mi gran Amor por los hombres y doy Mi Rostro como objeto sensible de Mi Dolor por los pecados de los hombres: QUIERO QUE SEA HONRADO CON UNA FIESTA PARTICULAR EL MARTES DE QUINCUAGÉSIMA (Martes anterior al Miércoles de Ceniza); fiesta precedida de una Novena, en que todos los fieles reparen Conmigo, uniéndose a la participación de Mi Dolor.”

En 1939
Jesús de nuevo le dice:
“Quiero que Mi Rostro sea honrado de un modo particular el Martes.”

9 de Agosto de 1940
Sor Pierina obtuvo la autorización de la Curia de Milán para acuñar una Medalla para propagar la Devoción al Santo Rostro de Jesús, cuyo culto tiene la aprobación eclesiástica el 9 de Agosto de 1940, con la bendición del Beato Cardenal Idelfonso Schuster, Mónaco benedictino, devotísimo del Santo Rostro de Jesús, entonces Obispo de Milán.
La primera Medalla de la Santa Faz fue ofrecida al Papa Pío XII, quien también aprobó la Devoción y la Medalla.
La Medalla se difunde con entusiasmo. ¡Cuántas gracias se han obtenido! Peligros evitados, curaciones, conversiones, liberación de condenas…

7 de Abril de 1943
La hermana Pierina, en obediencia a su confesor, difundiría la Medalla y no el Escapulario pedido. Por lo que después María en una visión del 7 de Abril de 1943, le dice:
“Hija Mía, está tranquila, que el Escapulario sea suplido por la Medalla con las mismas Promesas de favores.”  
Las Hermanas de la Congregación de las Hijas de la Inmaculada Concepción fueron testigos sólo de algunos hechos. Sor Pierina había pedido a Jesús de llevar escondida su misión. Mientras iba creciendo en ella el deseo de inmolarse con Jesús por la salvación de las almas.

La Fiesta del Divino Rostro
En 1958, el Papa Pío XII instauró formal y universalmente la Fiesta de la Santa Faz de Jesús para el Martes anterior al Miércoles de Ceniza o Martes de Quincuagésima (Carnaval).

Edificio que hospeda en Milán a las Hermanas “Hijas de la
Inmaculada Concepción de Buenos Aires”, en el cual la
Beata María Pierina de Micheli tuvo sus visiones.